“” EL LOTO ” de Anthony de Mello .

Mi amigo me tenía totalmente asombrado. Estaba decidido a
demostrar a toda la vecindad lo santo que era. Incluso se había
un ropaje adecuado a dicho propósito. Yo siempre había
creído que cuando un hombre es auténticamente santo resulta
evidente para los demás, sin necesidad de ayudarles a proporcionar
esta ayuda a sus vecinos. Llegó incluso a organizar un pequeño
grupo de discípulos que demostraran ante todo el mundo esa
pretendida santidad. Lo llamaban “dar testimonio “.

Al pasar por el estanque, vi un loto
en flor instintivamente le dice
<<¡Qué hermoso ere, querido loto! ¡ Y qué
hermoso debe de ser Dios, que te ha creado!>>

El loto se ruborizó, porque jamás se había
tenido la menor conciencia de su gran
hermosura. Pero le encantó que Dios
fuera glorificado.

Era mucho más hermoso por el hecho de
ser tan inconsciente de su belleza. Y me
atraía irresistiblemente porque en modo
alguno pretendía impresionarme.

En otro estanque situado un poco más allá
pude ver cómo otro loto desplegaba sus pétalos
ante mí con absoluto descaro y me
decía:<<Fíjate en mi belleza y glorifica
a mi Hacedor>>.

Y me é con mal sabor de boca.

Cuando trato de edificar, estoy tratando de impresionar a los demás.
¡Cuidado con el fariseo bienintencionado!.

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